jueves, 1 de febrero de 2018

Don Remondo, un obispo con triste calle.

          Como pueden leer en el título, hoy nos dedicaremos a callejear una vez más por el centro de la ciudad, a una vía de la parte más alta y antigua de esa remota Sevilla en el tiempo. En ella descubriremos un poco más del obispo que le da nombre y el motivo de la tristeza imperante en dicha calle.

Vista del final de la c/Don Remondo
hacia la Pl. Virgen de los Reyes.

Don Raimundo de Losana, más conocido como Don Remondo, fue un clérigo castellano del que ya comentamos algo cuando escribimos sobre la Fuente del Arzobispo. Fue confesor y consejero del Rey Fernando III, de ahí que figure en el monumento al monarca que preside la Plaza Nueva, ejerciendo además como Obispo de Segovia entre 1249-1259 y posteriormente coadjutor de Felipe de Castilla, al que sustituye como Arzobispo de Sevilla desde 1259 hasta su muerte en 1288. Como vemos, estuvo gran parte de su vida relacionado con esta ciudad, en cuya catedral se encuentra supuestamente enterrado, y en recuerdo del mismo se rotuló en 1845 esta calle en la que nos encontramos con su nombre. Una vía que antiguamente había pertenecido a la c/Abades como Abades Baja, ya que tradicionalmente sus casas han sido el hogar de los canónigos de la Catedral de Sevilla, dada su cercanía a la misma y al Corral de los Olmos. Actualmente, tras varias reformas y alineaciones, su acera de los pares es ocupada por el lateral del Palacio Arzobispal.

Lugar donde el matrimonio fue asesinado por ETA.

Precisamente en esa fachada protegida de los antiguos carruajes por ruedas de molinos y repleta de balcones con guardapolvos y portaantorchas, a la altura donde se cruza con la c/Cardenal Sanz y Forés, cambió para siempre la historia de esta calle que hasta entonces se perdía a través de túneles y leyendas desde la Híspalis romana. Fue una invernal madrugada de hace 20 años, cuando el reloj apuntaba hacia la 1:30 del 30 de enero de 1998, el que fue concejal y teniente de alcalde del consistorio sevillano, Alberto Jiménez-Becerril, y su esposa, la procuradora Ascensión García Ortíz, fueron vilmente asesinados a tiros por dos terroristas de la banda ETA que atentaron por la espalda al matrimonio cuando regresaba a casa tras cenar juntos y ella portaba tres claveles para que sus tres hijos (8, 7 y 4 años entonces) celebraran el Día Mundial de la Paz en el colegio. Una paz que quedó quebrantada para siempre en esta vía por el atroz asesinato perpetrado por unos desalmados que lo celebraban brindando con sidra.

Placa en memoria de la pareja bajo el rótulo de la calle.

Así fue como desde aquel trágico instante el recuerdo del clérigo quedó en un segundo plano, el de la frialdad de los adoquines por los que nunca debió correr sangre, y esta sombría calle quedó manchada por las manos asesinas de aquellos cobardes pistoleros, cuya banda no fue la primera ni la última vez que trajo el dolor a esta Sevilla Legendaria, que cada año honra la memoria de este matrimonio que es recordado con sendas calles en la zona de la Barqueta, dos vías juntas como juntos caminaban ellos esa noche.


4 comentarios:

  1. Quiera Dios, que tan viles asesinos no vuelvan a pisar la calle, ni de esta ni de ninguna otra ciudad del mundo.

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    1. Mikel Azurmendi y José Luis Barrios fueron condenados en junio de 1999 a 60 años de cárcel como autores materiales de los disparos que acabaron con la vida del concejal y su mujer, mientras que Maite Pedrosa fue sentenciada con diez años por un delito de conspiración para cometer homicidio terrorista, al no haber participado directamente en la acción; el Tribunal Supremo elevó después esa pena a 12 años. En noviembre de 2013, la Audiencia Nacional condenó a 56 años de prisión al cabecilla de ETA Jose Javier Arizcuren Ruiz, «Kantauri», por ordenar el doble crimen. Ninguno mostró arrepentimiento ni discrepancia alguna con la dirección de ETA ni se desmarcó de la vía violenta. (ABC) Además tanto Azurmendi como su pareja Pedrosa, fueron trasladados a una prisión granadina en 2009 para poder criar a la hija que iban a tener por esa fecha. Es decir, sin supuesta libertad, pero con más derechos que cualquier ciudadano de a pie. Una pena lo de este país.

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