viernes, 18 de abril de 2014

Centenario del Parque de Mª Luisa 18/04/2014

          Si hoy andamos algo despistados y nos fijamos en el calendario, pronto veremos que hoy es la festividad del Viernes Santo de este año, y es que el destino ha querido combinar la Semana Santa con la celebración del Centenario del Parque de Mª Luisa. Efectivamente amigos, el parque de todos los sevillanos, nuestro pulmón verde cumple hoy cien años y esperemos que entre el gobierno municipal y todos nosotros mismos cuidemos de él para poder seguir disfrutándolo, así como las futuras generaciones de paisanos nuestros que vengan.

Pabellón de Alfonso XII, en la Isleta de los Patos.

Para conocer bien el parque hace falta algo más que pasear por sus calles y jardines, hay que saber su larga historia y para ello tendremos que volver atrás en el tiempo, pero no los cien años que oficialmente cumple hoy, nos remontaremos hasta el año 1848. No piensen que la obra durara más que la de la Catedral, como se suele decir, el motivo de retrasarnos tanto tiempo es para comprender bien la razón de ser del espacio verde que hoy vemos, conocer sus precursores,  sus artífices y sus tesoros, que son muchos en cada uno de sus rincones. En dicho año, llegan a la ciudad Antonio Mª de Orleans y Mª Luisa Fernanda de Borbón, los Duques de Montpensier. Él un príncipe francés ansioso de un trono, ella Infanta de España y hermana de la reina Isabel II. Casados dos años antes en Madrid, fueron un matrimonio del que podríamos escribir hasta un libro pero de los que ya hablaremos un poco más a fondo en otra ocasión. Fijaron su residencia en Sevilla, pero para ello necesitaban crear un espacio donde ubicar toda su corte y que signifique lo que La Zarzuela a la corte rival del reino en Madrid. Es entonces cuando adquirieron los terrenos pertenecientes al Palacio de S. Telmo, que era la antigua Escuela de Mareantes, también el adyacente Convento de S. Diego, reconvertido por entonces en la fábrica de curtidos de Nathan Wetherell, y las huertas de La Isabela u Oriurtua y El Naranjal. Como pueden imaginar, la suma de todas estas superficies resultó una extensión de muchas hectáreas, situada a extramuros pero cercana a la propia ciudad y ubicada junto al río en lo que era el camino hacia Jerez de la Frontera y Cádiz.

Detalle del plano de Manuel Álvarez-Benavides de 1868 donde se ven las huertas de los Duques de Montpensier.

Dicho conjunto de terrenos, en su mayoría naranjales, necesitarían de una profunda remodelación que los convirtiera en unos jardines acordes al propio palacio. Así pues, si Juan Talavera fue el arquitecto encargado de rehabilitar los edificios, para la tarea de las zonas verdes, el duque contrató los servicios de un paisajista al que ya conocía y era paisano suyo,  M. Lecolant. Con esfuerzo, va transformando aquellas huertas en bellos jardines, estanques e incluso el Monte Gurugú, como vemos en la imagen superior. Pero la historia española atraviesa por esas fechas, una época gubernamental bastante convulsa que acaba llevando al ambicioso duque al exilio, de donde consigue regresar en 1875, cuando ya reinaba Alfonso XII, que se convertiría en su yerno el 23 de Enero de 1878, al casarse con su hija Mª de las Mercedes, la joven reina del famoso edificio conocido por Costurero de la Reina, pero que realmente no lo llegó a conocer, puesto que fallecería ese mismo año. Finalmente el Duque de Montpensier fallecería años más tarde, en 1890 en su palacio de Torrebreva, ubicado en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda. Sin embargo, la ciudad sigue firme  en su evolución y se va expandiendo más allá  de sus ya entonces derribadas puertas y  murallas.
Glorieta de Bécquer, obra de L. Coullaut en 1911.
Fue entonces cuando el destino de todo este paisaje daría un giro sorprendente, ya que en 1893 la viuda duquesa toma la decisión de ceder gran parte de los terrenos de sus jardines a la propia ciudad, para contribuir así con esa expansión urbana que se venía desarrollando. Esto permitió que se pudiera prolongar la ronda actual de Menéndez y Pelayo, que por esa época era la calle de la Industria, hasta el Paseo de las Delicias, además de encontrarse con la generosa cantidad de terrenos donados al otro lado de la nueva calle resultante, de ahí que el gobierno local decidiera llamar al futuro parque con el nombre de la duquesa que lo había hecho posible, además de correr con los gastos del nuevo vallado de la calle y de las dependencias que Juan Talavera crearía, como el mencionado costurero. En el aspecto negativo quedaría que la construcción de este vial llevaría consigo el derribo del antiguo Convento de S. Diego, del que hoy solo queda el recuerdo en el nomenclátor urbano de la remodelada glorieta repleta de tráfico situada a la entrada del propio parque.

Plano de la Exposición Íbero-Americana de 1929
Ya llegamos a 1910, fecha en la que el parque resulta elegido para la celebración de la Exposición del 29. Tan sólo una año después se designa al arquitecto Aníbal González como director de la obra y al francés Jean-Claude N. Forestier como paisajista de las obras de jardinería. Al encontrarnos en una ciudad donde las construcciones suelen alargarse en el tiempo, esta ocasión no iba a ser menos y duraron casi hasta la fecha de la exposición. Afortunadamente durante la Feria de Abril de 1914, el día 18 en el que nos encontramos se inauguró el denominado Parque de Mª Luisa Fernanda de Borbón, también conocido popularmente como Parque de las Palomas. En los años posteriores ya fueron apareciendo los diferentes pabellones y la imponente Plaza de España, así como la multitud de rincones, monumentos y especies vegetales que han dado forma al parque que actualmente vemos y aunque si bien la reforma efectuada hasta 2010 le ha dado un mejor aspecto, similar al original, no cabe duda de la necesidad de un correcto mantenimiento por parte del ayuntamiento y de las propias personas que a veces actúan de forma poco cívica, algo que podría comenzar ya, aprovechando los diferentes actos que se vienen realizando últimamente para celebrar este centenario. Aún así está catalogado como Bien de Interés Cultural. Y aquí finalizamos este paseo de hoy entre bellos jardines, aunque lo retomaremos más veces en el tiempo, puesto que dada la amplitud del parque son muchos los detalles que nos gustaría recordar pero no queremos hacerlo en este artículo para que no les resulte demasiado extenso. Esperamos que disfruten de estos soleados días, ya sea viendo nuestra Semana Santa o a la sombra de los árboles del parque, o ambas cosas como ocurre con las hermandades de La Paz y de Santa Genoveva.

Panorámica de la Plaza de España, tras el monumento al arquitecto Aníbal González.

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