martes, 7 de mayo de 2013

Adriano, un Titán de la Antigüedad

         Hoy recordamos a una de las figuras más importantes de la antigua Itálica, Publio Elio Adriano, conocido oficialmente durante su reinado como Imperator Caesar Divi Traiani filius Traianus Hadrianus Augustus, y Divus Hadrianus, nace en Itálica en el año 76 dc, más conocido como Adriano, fue emperador del Imperio romano (117–138).



Miembro de la Dinastía Ulpio-Aelia y tercero de los cinco emperadores buenos, así como segundo de los emperadores hispanos, durante su reinado el Imperio alcanzó la mayor extensión territorial de su historia. Adriano destacó por su afición a la filosofía estoica y epicúrea. 


Nació probablemente en Itálica, junto a la antigua ciudad Baetica, Hispalis. Sobrino de Trajano, quien aunque nunca le nombró públicamente su heredero, le dio varias muestras de preferencia durante su reinado.


Sus relaciones con el Senado no fueron demasiado cordiales, quizá tuviera algo que ver con ello el que Adriano, a diferencia de muchos emperadores anteriores, no deseara desempeñar el consulado ordinario más que dos veces, ambas consecutivas y al comienzo de su reinado: la primera, en el primer semestre de 118, teniendo como colega a su sobrino, el barcinonense Cneo Pedanio Fusco Salinator. La segunda, en el primer cuatrimestre de 119, acompañado de Publio Dasumio Rústico, otro posible pariente esta vez de los Dasumii italicenses. Asimismo, las reformas administrativas llevadas a cabo durante su reinado suscitaron la oposición de los senadores. El emperador modernizó el sistema administrativo estatal ascendiendo a expertos y tecnócratas, lo que supuso que muchas secciones de la administración quedaran en manos de estos funcionarios. A causa de ello la élite senatorial y aristocrática vio mermada su influencia.

El museo británico lo denominó en 2008 como un Titán de la antigüedad.

Conservador hasta su muerte de la antigua ciudad de Olimpia (Katakolón, Grecia), la primera Ciudad Olímpica declarada también, capital espiritual de Imperio Romano. Que celebró sus últimas olimpiadas en el año 324. Dicha ciudad cayó en decadencia tras la muerte de Adriano y olvidada tras la caída del imperio romano.



Al no tener descendencia, Adriano adoptó para sucederle a Elio César (miembro de una familia senatorial romana), pero este murió tempranamente, de forma que el emperador designó como nuevo sucesor a Antonino, con la condición de que a su vez, él adoptara a Marco Aurelio y al joven hijo de Elio César, Lucio Vero. 



Antes de morir, Adriano compuso esta pequeña oda a su alma, donde entre líneas asoma su escepticismo ante la inmortalidad de ella.

Animula, vagula, blandula, 

hospes comesque corporis 

quae nunc abibis in loca 

pallidula, rigida, nudula 

nec ut soles dabis iocos 

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"Pequeña alma, errante, cariñosa, 

huésped y compañera del cuerpo 

¿a dónde marcharás ahora? A lugares 

pálidos, severos, desnudos 

y ya no, como solías, me darás alegrías"


Adriano fallece el 10 de julio de 138 en su villa de Baiae debido a una insuficiencia cardíaca  en el momento de su muerte contaba con 62 años.

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